martes, 8 de abril de 2014

Quiero que sepas que eres el culpable de que hoy me sienta extraño.




Hace tanto que perdí la calma, 
que encontré la rabia esperando.


No tenia ninguna prisa, sería una orgía en el barro. 
Bájame el pantalón, saca el hambre atroz,
escúpeme en la pena. 

Me enseñaste una vez que el dolor es mejor si genera dolor. 
Tú, que no tienes la culpa de ser como tú, 
que no rompiste un plato, querías jugar.  

Quisiera reventarte bajo mis pies, 
quisiera volarte la tapa de los sesos, 
bañarme con tu sangre, beberme tus excesos 
no dejaré que nadie te salve del infierno.  

Pedirán perdón los que crean que merecen absolución (x4)  

Tus noches únicas van de la mano de mis noches turbias.
No hay dignidad en tu forma de mirarme.  

Quisiera poder ponerte encima de la mesa, 
quitarte el uniforme, abrirte bien las piernas,
las cartas boca arriba, mis manos en tu lengua. 

Pedirán perdón los que crean que merecen absolución. (x3) 
Pedirás perdón pero nunca tendrás mi absolución.

[Gracias a Rebeca Khamlichi por descubrirme esto, y a Zahara por poner letra a estos momentos]

jueves, 13 de marzo de 2014

Di que sí.

Llevo varias semanas en modo remember, y todas la señales me llevan al primer hombre. Las películas que vi con él, las canciones que escuchaba llorando por él (el final de la adolescencia, que es muy malo), los lugares que visitamos, y las sensaciones que tenía al percibir todos esos estímulos.

¿Y todo esto ahora, por qué?, es lo que me pregunto yo a diario, y automáticamente se el porqué. Y se porqué estoy un poco en las nubes, y porqué guardo en la memoria todos aquellos mensajes que no mando, y esas ensoñaciones en las que vamos al cine de la mano (es que esto lo he hecho poco yo), y la música que me recomiendas escuchar, y las sonrisas que me robas cuando me miras de esa manera.

No estoy diciendo que lo que sienta es amor. No aún. Pero creo que es el camino de algo que puede merecer la pena. Y justo ayer, que fui a ver The Hole 2, el mensaje que me quedó de la línea argumental del espectáculo (que ojalá solo fuese eso, y se indagara mas en ello) es que nos amemos, mucho, y sin pensarlo. Que dure poco o mucho, no importa, lo realmente importante es que lo hemos hecho, y solo eso merece la pena.

Y eso es precisamente lo que siento ahora. Y creo que me apetece tirarme a la piscina, a cualquier coste, porque las heridas terminan sanando, y por mucho que los treinta sean los nuevos dieciocho, la experiencia a las espaldas son las plaquetas que nos ayudan a cerrar antes las heridas. Y pueden quedar cicatrices, pero éstas son sexies, y no deben ser un problema.

A veces pienso que debería sentar la cabeza, que ya es hora, que a tu edad y esas cosas. Y luego hago un pedido de jockstraps a AussieBum y se me quita la tontería. Y si no eres tú quien los vayas a disfrutar, estoy seguro que siempre habrá algún voluntario.

Pero mientras eso sucede, anda, di que sí.

martes, 4 de marzo de 2014

The Big E.



Si, queridos amigos (si, en masculino, porque para una sola mujer que me lee, tienes un par por aguantarme), como iba diciendo, que yo realmente hago esto por pura y cochina envidia, porque yo me muevo por impulsos, y el que más me proyecta hacia adelante es éste. Ale. Ya está, ya lo he dicho. Aplauso de talk show especial "Adictos", lagrimita, y pasamos a nuestro siguiente colaborador.

Al igual que cantaba Lorena C en su hitazo "Adicta", el de mi grupo, Lomana I, se llamaría "Envidia", y diría cosas como: tengo envidia de tu barba, de tu novio, de tu cara, de tu casa, de tu polla, de tus post, de tus amigas. Y no me forraría, porque Lorena tampoco lo hizo, pero me quedaría satisfecho de poder haber hecho terapia gratuita, y que cuatro gatos modernos que me escuchasen dijesen "Tia, esta canción habla de mi. Lomana I son lo mas."

Hace unos días (porque realmente no se ni cuando voy a publicar esto, aunque lo que voy a contar ha ocurrido hoy), echo un energúmeno y movido por "The Big E", publiqué algo tan bonito y classy como lo siguiente.



Los elogios hay que ganárselos por buenas acciones, trabajos bien hechos, o en ciertos casos, por el simple hecho de existir, ya que tu persona ennoblece la raza humana y mejora la calidad del aire. Punto. Period. Pero un elogio por la simple razón de conseguir una mención a cambio, y un mensaje privado con un "Gracias. Quedamos para follar", pues mira, no. Y sabéis por qué digo esto, ¿verdad?, por envidia. Por no ser yo el homenajeado, el que su mera entrada a un bar hace que todas las cabezas se giren y se comente al oído "Ese es @ilomana, que genial que haya venido"

Muchos de los que me conocéis en persona ya lo sabéis, porque os he taladrado la cabeza con ello, que todo el drama de mi vida gira en torno a (y este es el orden real de todo ello) no tener un rabo de 21 centímetros, no tener marcados los oblicuos, no tener culo, y que cierta persona me ignore por Twitter.



Ahora nos echamos las manos a la cabeza porque soy un superficial, un egocéntrico y un narcisista ,  pero yo culpo a la cultura del Social Media (puño en alto, a lo Scarlett O'Hara), porque al igual que digo que era más feliz pesando 100 kg, también lo era cuando desconocía en absoluto el estilazo que tenia Pepito de Alicante, los amigos de Zutanito el que se vino a vivir a Madrid, o Perico el novio de cierta bloggera.

Pero toda esta envidia tiene su contrapartida positiva, y es que me haga consciente de mi angustia vital, y quiera mejorarla, y hacer que desaparezca. Estar overexposed en las redes sociales es la terapia que no me puedo permitir para tratar mis neuras, tal cual haría un personaje de cualquier serie random de las que sigo.

Es ahora cuando estoy empezando a comprender que tener un rabo enorme y vistoso, no me hace mejor persona, y que tener envidia de uno que has visto en Tumblr, o en los baños del Bearbie, no lleva a ninguna parte. No soy un cacho de carne que no piensa (aunque a veces me exponga como si eso fuese), y es a través de mi debilidad, la propia envidia, que repararé que todo y todos los que me rodeáis, sois los realmente importantes, y sobre los que debo enfocar mis esfuerzos por ser mejor y estar mejor, ennoblecer la raza humana, y mejorar la calidad del aire. Así que gracias por estar ahí. Besos y abrazos.

(Guardar. Programar publicación. Cerrar. Abrir Twitter. Scroll, scroll, scroll. Leer tweet. Aparición estelar de Envidia. Pensar "No lo aguanto mas, unfollow". No hacer nada. Cerrar. Entrar en Tumblr. Primer plano cenital de un descomunal miembro viril. Pensar "Jo, yo quiero uno así."Repetir acciones every fucking single day).

jueves, 27 de febrero de 2014

Dorian, de Carlos Be. (La Pensión de las Pulgas)



Yo iba a publicar una reseña curradísima a colación del estreno de esta obra, remontándome a sus orígenes clásicos, a personajes shakespearianos, a la tradición del teatro isabelino y su traslación al teatro actual.

Para todo ello por el camino he estado investigando sobre el hedonismo cirenaico de Arístipo, su posición sensualista y subjetivista en cuanto al origen del conocimiento, buscado a través de los sentidos. Todo ello engarzado, como no, al personaje principal de Dorian, narcisista y vicioso en busca de la eterna juventud. Insatisfecho, perverso, loco, y lleno de remordimientos; porque por mucho que su fin justifique los medios, y todo se la sude mientras lo hace, llega un momento en que se para a pensar, y reflexiona si todo y a todos los que ha destruido por el camino, le compensa disfrutarlo en solitario. Hasta el pasota mas pasota necesita de una corte que le ría las gracias, en la que regodearse de todo lo que posee, y ser el objeto de las envidias ajenas, porque sin ellos, ¿para qué todo lo demás?

Carlos nos presenta un Dorian actual, que no pierde los rasgos del clásico, en busca del placer por el placer, como cantaba Mcnamara, porque total, no sabe qué hacer. Ambientado en cualquier capital del mundo actual, que conserva los valores descritos en 1890 por Oscar Wilde, porque tampoco hemos cambiado tanto, y quizás ya no vayamos a la ópera a pasearnos y a criticar a los asistentes (antológicas las palabras de Victoria justificando su gusto por Wagner), sino que vamos a la discoteca a encapricharnos de los gogós, y comentar el percal.

Me costó encontrar el que yo llamo "sello Be" hasta que llegamos a la versión moderna de los fumaderos de opio del Londres decimonónico, y es ahí cuando la identidad del texto y la dirección cobran fuerza, y el universo de Carlos se traduce en una imagen viva que se queda en tu retina, como cuando sales de sus "Peceras". David González, Alfonso Torregrosa y el valiente Javier Prieto, merecen mi principal atención, y pasan a formar parte de mi imaginario "Beniano" junto con la Mayordomo (ella se ha ganado perder su nombre y ganar un artículo), Fran Arráez e Iván Ugalde.

En resumen, una "CarlosBe" (y ya dejo de adjetivizar) nunca decepciona, nunca deja indiferente y siempre se recuerda. Ahí queda eso.

martes, 25 de febrero de 2014

Sistema Métrico Decimal.

(Interior de un bar. Suena "Dark Horse" de Katy Perry)
- Ya te lo he insinuado dos veces. ¿Tiene que haber una tercera vez que te tire los trastos?
- Aquí hay un problema, y es que me gusta tu amigo ese de ahí.
- ¿Ese? Ese tiene novio. Y yo tengo 21 centímetros. 
(Arrima la entrepierna a su muslo) 
-Ah, pues si, muy interesante. 
(Fundido a negro) 

jueves, 6 de febrero de 2014

Looking, buscando la serie gay definitiva.



He querido esperar a ver al menos los tres episodios que se han emitido, para ver el porqué tanto revuelo y tanta crítica en torno a la nueva serie de HBO, sobre tres amigos homosexuales en San Francisco.

Que si "cayendo en los tópicos", que si "bien de sexo", que si "ya estamos con que los gays toman drogas", y todo tipo de comentarios que echan por tierra un producto, que en mi opinión, y espero que en un futuro, por muchos, es un "Girls" pero a lo homosexual. Una serie en la que no pasa nada, pero que a través de esa cotidianidad nos cuenta cuenta huchas cosas sobre ellos, y sobre nosotros mismos.

Que el primer episodio comience con un encuentro en una zona de cruising, el segundo nos remita a la búsqueda de un tío sin circuncidar, y en la tercera nos metamos en una sauna, no me hace pensar que estemos cayendo en el estereotipo homosexual de sexo/drogas/fiesta, sino en la vida de cualquier homosexual medio. No me creo que ninguno de nosotros/vosotros no conozca a alguien o haya hecho cualquier cosa de las que se muestran en la pantalla. Y si no es así, no me lo creo.

Es como si ahora nos dedicásemos a criticar que en "Girls" van mucho de compras, en "Mad Men" se pasen el día trabajando demasiado, que en "The Big Bang Theory" juegan demasiado a videojuegos y juegos de rol, o en "Cougar Town" beban mucho vino (bueno, esto si es verdad... )

Dejémonos de cinismos y simplemente veamos lo que viven estos tres amigos, que creo nos van a dar mas de una alegría y mucho mucho drama en lo sucesivo.

Resumiendo la trama, por si aún no sabes nada, tenemos a tres amigos, dos de ellos compañeros de piso. Uno es camarero, otro artista, y otro, creativo de videojuegos. Todos en la treintena o finales de los veintitantos, y todos ellos en busca del amor, y de su lugar en el mundo; con las inquietudes que tenemos todos en cuanto al trabajo, las parejas, la familia, etc.

Buen guión, buenas interpretaciones, buenas localizaciones... Qué mas se puede pedir?

miércoles, 29 de enero de 2014

Brokeback Mountain. (Teatro Real)



Después de haber escuchado comentarios de todo tipo, y ninguno positivo, quise dejar a un lado las críticas ajenas, y decidí acercarme al Real a verlo con mis propios ojos.

Desde que la pasada temporada se anunció este en encargo del teatro, y casi casi me lo pierdo, quise presenciar lo que se había cocinado con la ayuda de la propia autora del relato, Annie Proulx. Las expectativas, muy altas, dado que la película, aún pecando de versión descafeinada del relato, pero sumándole una emoción que el texto carecía, verlo convertido en una ópera, era, cuanto menos, muy ambicioso, y después de haber haber visto la representación, se queda en eso, en una ambición fallida.

Desde el comienzo, con esas cuerdas nerviosas y una percusión asfixiante, te hueles que algo no encaja. Y la escenografía no ayuda. Caja en blanco, con proyecciones de la montaña, y poco mas. Se puede opinar que, como muy acertadamente opinó mi vecino de butaca, se asemejaba a una página en blanco, y quizás ese sea el efecto que se quiere conseguir, para no olvidar el origen del relato. Según avanza la representación, se suman mas elementos al decorado, pero se peca de una estática que no ayuda; usar un mismo decorado para representar cuatro ambientaciones, queda muy limitado.

La pareja protagonista, que es el alma del relato, de la película y supuestamente de la opera, tienen la misma química que Agustin Bravo y Bertín Osborne como pareja. Son lo primero que se me paso por la cabeza cuando les vi juntos. No digo que hubiese sido MUY bueno que ambos hubiesen sido homosexuales para darle un poco de credibilidad a esa relación, ya que en el film, ni Jake ni Heath lo eran, pero conseguían transmitir que estaban hecho el uno para el otro en la pantalla, y componer una suerte de pareja trágica que pasara a la historia. Daniel Okulitch como Ennis, y Tom Randle como Jack, están incomodos, fríos, no transmiten nada, y no interpretan sus papeles, solo los cantan.

Los personajes femeninos son una mera presencia que hubiese eliminado por completo, ya que en el ópera no sirven ni como hilo conductor. Alma, que es la "mujer principal", que en la película interpretaba de una forma sobrecogedora Michele Williams, aquí es una histérica y caprichosa "con teléfono de princesa", que no transmite la angustia, la desolación y el odio hacia su marido, sabedora del propósito de esas escapadas esporádicas de pesca. Lureen y las madres, poco que añadir dado lo absurdo de sus intervenciones.

La partitura carece de romanticismo, y es un elemento que demuestra hostilidad. Es como un personaje omnipresente que "castiga" a los protagonistas durante las dos horas de representación. Es el ojo acusador que Ennis teme que le observe. Ni en los momentos de pasión (que para interpretarlos así, mejor usar marionetas, que justificarían el absurdo) da calidez, es insistente, asfixiante, es homófoba, si de eso se puede calificar a un ritmo.

En resumen, totalmente prescindible e insulsa. No te arrepentirás de ir a verla, por el simple hecho de ver algo curioso, y lo que posiblemente sea la primera tragedia operística homosexual (pecando de ignorante).