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martes, 22 de julio de 2014

Yernos que aman, de Abel Zamora. (La Pensión de las Pulgas)


La familia de Abel Zamora de este texto parece sacada del universo de John Waters. Literal. Por lo bizarro, lo costumbrista, y lo extremo. Según avanza la trama, los miembros de esta familia, con sus pequeños dramas, y esos universos personales de cada uno de ellos, se van transformando en un cuadro surrealista, en retratos a los Francis Bacon, retorcidos, difuminados, y terroríficos. 

El terror esta presente en todos ellos: el terror a la soledad, a la incomprensión, al que dirán, al amor, al compromiso, a superarse, y sobretodo, al pasado. Todos se conforman con lo que tienen, han tenido, o van a tener. Y todo motivado por ese miedo a estar solos; y por el amor, aunque duela, y nos haga sentirnos miserables. 

Si recientemente disfrutábamos con la familia de "August: Osage County" de Tracy Letts, tanto en el cine como sobre el escenario del Teatro Español, esta familia de Abel Zamora se disfruta aun más, por la locura que desprende, la violencia gratuita que aplican todos sus miembros, y esa conjunción de la realidad con las ensoñaciones de los personajes. Ensoñaciones que a veces hacen un efecto de espejo, en el que lo que reflejamos, no es lo que nosotros vemos, o queremos ver, en algunos casos, y la realidad se ve alterada, y terminamos proyectando lo que mas fácil se nos hace asimilar. Como cita la madre en un momento (tremenda Mamen García), ella cuida, es su instinto, y quiere ver una familia unida, y feliz, aunque sea por un momento, en una cena, aunque sea una realidad falseada. 

La dirección de actores es maravillosa, y aunque haya personajes mas agradecidos que otros, e historias secundarias roben el protagonismo de la (aparentemente) principal, las interpretaciones de Marta Belenguer como la hermana cruel, Juan Caballero, como el militante de las juventudes del PP, o la grandiosa intervención de David Matarín, quedarán grabadas en mi memoria a fuego.

Marta Belenguer, Juan Caballero, Manolo Caro, Mamen García, Emilio Gavira, María Maroto, David Matarín, Mentxu Romero, Ramón Villegas y Abel Zamora.
El texto de Abel Zamora con ese humor negro, y esa disección de los personajes, tan de cirujano, hacen que las dos horas de duración se pasen en un suspiro. Y especial mención a la selección musical y referencias populares, tan "white trash", que espero que alguna editorial teatral se digne a editar el texto porque necesito revisar ciertos momentos para aplaudir yo solo en casa. 

Quedan pocas funciones, y aunque últimamente parece que os recomiendo ver todo lo que se programa, es realmente loable que en el verano tengamos productos que nos alegren las tardes y las noches, aunque la temporada teatral "oficial" haya finalizado. Larga vida al teatro Off, y larga vida a los jóvenes dramaturgos. 

miércoles, 16 de julio de 2014

Un Hombre Con Gafas de Pasta, de Jordi Casanovas. (La Pensión de las Pulgas)


Sorprendido y shockeado después de esta representación. La energía que desprende la habitación grande de La Pensión de las Pulgas, en la que tan pronto se perpreta el asesinato de un rey, como se transforma en una fiesta fetish, como asistimos a una cena de amigos, con cita a ciegas, para superar una ruptura amorosa, como el caso que nos ocupa. Comedia ligera que de pronto se torna en thriller psicológico, de esos que te atrapan y lo recibes como una bofetada, por inesperado, porque, ¿qué puede salir mal estando entre amigos?

Esta obra, escrita y dirigida por Jordi Casanovas, podría tratarse del nuevo guión "malrrollero"  de Haneke, o de un texto escondido en un altillo de la casa de Hitchcock, y lo creeríamos, porque la estructura (cuya clave está en el propio texto y en los cuentos de la protagonista), el ritmo, y las sensaciones que provoca, me llevan a ellos. Con la excusa de hablarnos un personaje que todos hemos tratado alguna vez, una persona con mucho mundo, artista multidisciplinar, que se mueve en círculos exquisitos, con los contactos apropiados, y que su sola presencia aporta calidad al evento en que esté presente; Jordi nos abofetea con nuestra obsesión de gustar a los demás, que lo de los otros es mejor que lo nuestro, que los otros son mejores que nosotros, y que necesitamos de esos "otros" para que nuestra existencia sea menos mediocre, menos vacía. 

Y de eso va todo, de "dejar de ser mediocre" como Marcos sugiere a Óscar en un momento de la obra. Y nos damos cuenta que ser mediocre no está tan mal, que al menos nuestra existencia corriente nos permite vivir sin aprovecharnos de los demás. Que todos esos vampiros del s. XXI que se alimentan de la energía de los demás, como cita Aina en el texto, son solo "comeorejas" profesionales, gente que aprovecha esos resquicios de debilidad que todos tenemos en algún momento, pero que si simplemente abrimos los ojos, y nos quitamos esa venda que puede ser de amor, infelicidad, crisis de identidad, todo tiene solución y está en nosotros mismos, en querernos mas, y apreciar esas pequeñas cosas que hacemos para ser un poco mas felices o buscar nuestra meta en la vida. 



Los cuatro protagonistas están tremendamente dirigidos por Jordi Casanovas, y sus interpretaciones son de premio. José Luis Alcobendas como Marcos, el hombre con gafas de pasta, está soberbio, al igual que Inge Martín y Olga Rodríguez como Aina y Laia. Pero la palma se la lleva Markos Marín. Óscar. Brutal. Y no podría añadir mas. Un bravo y un ole y un viva. 

Como me pasa en otras ocasiones, contar mas del argumento, en este caso, si que supone quitar parte de la magia de la representación, y no es justo. Id abiertos a sorprenderás y a disfrutar muchísimo. Aunque creo que hoy era la última representación, espero que lo sea únicamente de la temporada, porque esta obra se merece ser rescatada una y otra vez. 

jueves, 10 de julio de 2014

Amores Minúsculos, de Iñaki Nieto, basada en el cómic de Alfonso Casas. (Nave 73)

 Esta historia es un homenaje a esos amores fugaces que todos hemos tenido, esas pequeñas relaciones de edición limitada que son tan reales y nos enseñan tanto o más que ese hipotético amor de cuento de hadas que tal vez llegue, tal vez no. 
Porque en las pequeñas historias también se viven grandes momentos.
Porque los más grandes amores empezaron siendo... 
Amores Minúsculos.
Porque no solo las grandes hazañas merecen ser contadas.

Al igual que Diego Rebollo, integrante del trio creativo que ha dado vida a este proyecto, que quedó prendado del título de un cómic de Alfonso Casas, y tras ello se puso en la pista hasta dar con la obra que nos ocupa, yo también quedé intrigado por el título de esta novela gráfica, a principios de este año, y justo en un momento en que me encontraba inmerso en una de esas pequeñas relaciones, que hacía aguas por todas partes, y esa fue la razón por la que no quise leerla, por miedo a darme de bruces con una historia demasiado veraz. 

Cual fue mi sorpresa que hace un mes, mirando la cartelera, mi compañero de hazañas DJ, Fernando Bside, me pone en la pista de la adaptación al teatro del cómic, y no pudo mas que acrecentar mi curiosidad al respecto. Sala alternativa, doble reparto, comedia romántica urbana... No puedo evitar confesar mis suspicacias al respecto del oportunismo de este estreno, en la estela de éxito que sigue a "Los Miércoles no Existen" de Peris Romano, pionera de este doble elenco, con matices diferenciadores, y que comenzó igualmente en una sala que empezaba en ese momento su rodadura, El Sol de York

El trabajo de adaptación de Iñaki Nieto es bueno, por trasladar todo ese universo tan detallado en la obra de Alfonso, a las tablas, aunque se haya decidido dar mayor peso en la historia a un personaje secundario, como el de Nacho, pero que es precisamente este pequeño giro el que imprime mayor carácter a la representación, y es esta historia la que logra que el publico se interese mas, y empalice totalmente con historia de casualidades y destino.

Porque es eso, el destino y el amor, el motor de toda la obra, transmitiendo un mensaje de optimismo, y de que si dedicamos los esfuerzos necesarios en la persecución de aquello que queremos, todo tendrá un buen final, y que la búsqueda de nuestro lugar en el mundo y el luchar por nuestros sueños, merece la pena. 


Si la novela gráfica consta de tres capítulos y un 'epílogo', en la obra, a parte de los protagonistas de cada capítulo, que son Jaime, Nacho, Laura, aquí también se presentan en primera persona los otros componentes de la historia, Eva, Carlos y David. 

En el elenco #Deseo, que es el que pude disfrutar, destaca sobre todos una Elena Alférez (Laura) entrañable, cercana, veraz, y divertida, muy en la línea de una grande como Inma Cuevas, la cual me vino de forma instantánea al ver a esa chica frágil, torpe y pizpireta, que dibuja tan bien Elena, y que hace disfrutar tanto al público. El carisma de Guillermo Barrientos (Nacho) es indudable, y muy alejado de la imagen televisiva que tenía de él. Muy lograda esa cercanía con el publico que hace que sea su historia la que arranque mas sonrisas furtivas, y mas lágrimas. Pablo Castañón (Jaime) le pone quizás demasiado atractivo físico al personaje del cómic, pero no en un mal sentido. Héctor González (Carlos) logra que nos caiga simpático su personaje, Jose Asunción (David) y Mariona Tena (Eva) quedan eclipsados por el resto de sus compañeros, pero igualmente transmiten mucho en sus intervenciones.

He preferido no contar mucho de la historia, porque ya lo habréis leído en otras partes, y prefiero que os dejéis llevar y os concentréis en lo que tenéis delante, para no reparar en el (único) aspecto negativo que he encontrado hoy, la incomodidad de la sala. Chicos de Nave 73, esas gradas, son matadoras, y se que cuanto mas arriba, mayor calor, por comentarios recibidos. Y atención altos, y la viga de la fila 5! Creo que es un aspecto a mejorar, y una disposición diferente del graderío y las localidades, opino que mejoraría las condiciones del público, y de la experiencia completa. 

Eso si, la cafetería es un lujo, con esos sofás, y esas mesas/pupitres, y el buen cafe, y el buen olor, y la carta de tes, y el personal simpatiquísimo y muy atento, y los precios. Bravo. Dan ganas de ir solo a echar la tarde con vosotros. 

Concluyendo, teatro del que gusta, del que entretiene, del que te toca, y del que recomiendas a todos tus amigos ir a ver. Eso si, corred porque han prorrogado el mes de Julio, y las entradas vuelan, y quien sabe si estarán en Agosto (aunque si se van, vuelven seguro seguro). 


miércoles, 9 de julio de 2014

Another Me, la gemela mala de la Coixet.



En shock me encuentro después de visionar semejante despropósito de película, de la que he dicho por las redes que considero la Sofia Coppola española. Todo lo que hace la Coixet (nótese que ya no tiene ni nombre, sino un artículo, cosa que reservo para las grandes) es garantía de calidad.

Que si, que si todo muy gafapasta (como ella), que si bien de intensidad, pero al final ese ritmo que imprime en todo lo que hace, y ese exámen pormenorizado de la psicología de los personajes, son los que hacen que la Coixet sobresalga, y que nos entregue cosas como "La Vida Secreta de las Palabras" o ese "Ayer no termina nunca" que era teatro puro en pantalla ( y el cual moriria porque se llevase a las tablas, con Peña y Cámara, porque seria un peregrinar para verles).

Bueno, después de esta declaración de intenciones, y quedando claro que yo soy 'coixetista', me voy a despachar con "Another Me" , porque hija, Isabel, que sabemos que la anterior salió de tu bolsillo por entero, y que no recuperarías ni la mitad (una pena, todo sea dicho), y que todos tenemos que comer, pero sacrificar tu talento creativo y un sello tan propio en semejante ¿producto? me ha parecido un suicidio profesional, que enmendarás con esas dos que ya tienes entre manos.

Tenemos a la 'tronista' Sansa, en plena edad del pavo, con un padre al que acaban de diagnosticar esclerosis múltiple, y una madre infiel,, y ella compitiendo por ser Lady Macbeth en su instituto de Cardiff. Todo un drama, todo muy Coixet. Pero ahí acaba todo. Mas allá de ese planteamiento, empieza la locura, creando un nuevo genero fílmico al que podríamos calificar "Absurdo ++".


El "Absurdo ++" se caracteriza por la narrativa de telefilm mediocre, los diálogos de risa, actuaciones propias de una lectura del guión cuando lo recibes en el correo, y la invitación al espectador a que juegue durante el metraje a imaginarse qué reparto loco haría que la película al menos le entretuviese. Yo he jugado a imaginarme a María Valverde, Mario Casas, Belén Rueda y Antonio Resines. Os reto a que me indiquéis vuestro "Crazy Cast" en los comments o por las redes porque nos vamos a reir. 



El guión para estar basado en una novela, deja con la curiosidad de si la tal Catherine MacPhail sale bien parada en la adaptación. Secretos del pasado, remordimientos de conciencia, mujeres superadas por las circunstancias, y en general, que ser una adolescente emo, es muy duro, tías. 



Lo que podría haber sido una metáfora de la ansiedad que genera el crecer, de como superar las adversidades ante una realidad tan dura como la que vive la protagonista, y ser un acercamiento al cine teen de lo que fue el "Black Swan" de Aronofsky (en la que pensé de inmediato cuando comenzó el film), se queda en un videoclip inconexo y absurdo, que efectivamente consigue lo que la propia Isabel ha declarado, que es que quería alejarse de su universo, hacer algo que no pareciese suyo, y acercarla al mundo adolescente. Lo que parece que ha intentado conseguir es que nos alejemos de ella, y a partir de ahora miremos de reojillo ese "Una película de Isabel Coixet".



En resumen, no os molestéis en verla en cine. Esta si que no. En unos meses todos podremos disfrutarla en nuestro hogar comprando cualquier pack de máscara de pestañas del Dia, de la gama "Panda Eyes" (que era el título provisional de la película). 



Y lo dicho Isabel, que si quieres mandarnos a Rebeca Khamlichi y a mi un DVD de alguna de tus pelis, en compensación por el mal rato, que mas que bienvenido. Un beso guapa! 

lunes, 26 de mayo de 2014

Los Mácbez, de Andrés Lima. (Teatro María Guerrero. Sala Principal)



No puedo empezar este post sin indicar que la sombra del MBig de La Pensión de las Pulgas, es alargada.  La que, hasta el momento, es la versión definitiva de Macbeth estrenada hasta la fecha (sin pecar de pretencioso, porque si la habéis visto, no podréis negarlo) está demasiado próxima en el tiempo como para poder abstraerte durante la representación de Los Mácbez, y que no te vengan a la cabeza las mismas escenas, y empezar a hacer comparaciones.

Esta adaptación de Juan Cavestany dirigida por Andrés Lima, nos sitúa en Galicia en la lucha por el poder por la presidencia de la Xunta. Cargos otorgados a dedo, champagne del caro, acuerdos cerrados en prostíbulos, alianzas insospechadas, manos manchadas de sangre, literal y figurada. La corte escocesa del s. XI y la clase política española del s. XXI tienen mas en común de lo que en principio pudiese parecer. La superstición, lo inmoral, y que el fin justifique los medios siguen estando presentes.

El matrimonio Mácbez de Machi y Gutiérrez, así como la corte de políticos que les circundan, son personajes trágicos, con una vis cómica, como comenta Andrés Lima en una entrevista, acercándoles al esperpento de Valle Inclán. Interpretaciones correctas, pero alejadas de papeles anteriores de ambos. Bien, sin más. 

A pesar de, no ya las malas criticas, sino el silencio que parece gravitar en torno a este proyecto, del que me esperaba algo muchísimo peor que lo representado, sorprende que sea el publico de edad mas avanzada el que "apoye" este estreno, a pesar de lo arriesgado de la puesta en escena. Comentarios de "Uh! Que ordinario!" y "Ya salen las travestis" nos rodeaban, y parecían no captar el tono lynchiano de ciertos momentos, o la violencia en tonos claros a lo Erwin Olaf. 

Destaco la labor de vestuario de Beatriz Sanjuan. Impecable y de un gusto exquisito. Ella es también la encargada del espacio escénico, todo un acierto. Una caja blanca, de la que esperaba se sacase mas partido con el juego de luces y sombras, pero que aun así, funciona como espacio aséptico para enmarcar esas palabras y actos brutales, no con precisión de cirujano, sino a golpe de cuchillo jamonero. Eché en falta que ese blanco no se ensuciase, que no hiciese aparición un rojo sangre que manchase las paredes por la matanza en la ascensión al poder.

Aún queda tiempo hasta el 15 de Junio para acercaros a echar un ojo. Interesante y arriesgada propuesta. Si no te gusta, al menos te hará reflexionar sobre la última y escalofriante escena. Demasiado real. Demasiado próxima. 

jueves, 26 de septiembre de 2013

Marranadas, de Marie Darrieussecq. (Naves del Español. Matadero)



Ehm... Por dónde empezar... Hacía mucho tiempo que no veía al público abandonar la sala a ritmo tan acelerado que lo que acontecí esta vez. Otra vez que vi abandonos en masa en una representación fue también en el Matadero, cuando aún no existía la sala 2, pero el público aprovechó el entreacto para no volver. La razón aquella vez era por lo denso del texto, ya que las interpretaciones y escenografía eran sobresalientes, pero el período de la transición en la URSS, pues como que no enganchaba. La motivación para la deserción en Marranadas era por lo bizarro de la propuesta y el despropósito de texto e interpretación a la que asistimos.

No voy a mentir y yo acudí al espectáculo por ver a Pepa Charro, y cuál fue mi sorpresa que tras el primer monólogo de la cerda Zoe, comprobé que Pepa no iba a salir mas que en el sobresaliente film que sirve de interludios durante la obra. Bajón extremo. Pensaba que aquello podía levantar, pero Alfredo Arias seguía saliendo a escena interpretando incoherentes personajes, camuflado tras caretas y vestuarios delirantes, que no hacían más que acrecentar la sensación de un mal viaje de psicotrópicos. ¿Una madame de burdel, una monja policía, una dermatóloga vestida de azafata, un licántropo?, todo inconexo y a cada cual más delirante.

Alfredo Arias, que según he leído, es un grande de las tablas en Francia, no logra transmitir nada al público. Nada, a parte de indiferencia y perplejidad. No hay empatía con esa mujer que está pasando por el horrible trance de metamorfosis en cerda, ante la mirada de extraños y especialistas, que quieren sacar provecho de la situación y usarla como a un simple trozo de carne con ojos. Todo ese desasosiego que transmite en la pantalla Pepa Charro, dirigida por Toni Aloy, no está sobre las tablas, y lo único que te gustaría es que se pagasen las luces y ver únicamente el periplo de esa Pepa apaleada por las calles, y que no salga más ese señor argentino irritante que no hace más que soltar sandeces.

Siento no poder escribir nada más amable para con la obra, pero ante tal espectáculo, que gracias que dura una hora y quince minutos, es cuando te planteas cuánto vale tu tiempo, y tu dinero. Esto ha sido de los peores 15€ invertidos nunca, más allá que en copas, que al menos te provocan un estado temporal de euforía y diversión, y no este espéctaculo vodevilesco de pesadilla.

Señorxs, no se dejen engañar. Ya solo queda hasta el 29 de septiembre para que otra cosa (mejor, dado el nivel que deja esto tras de si) se represente en este espacio.

PD: Tras es el desasosiego que me generó la obra, y no sabiendo muy bien si es que estaba atentando contra mi inteligencia y es que no la entendí, voy a comprar la novela en la que está basada la adaptación teatral. Algo bueno debía tener, aunque solo sea la curiosidad por saber si el libro es tan malo como la obra.



miércoles, 25 de septiembre de 2013

Roberto Zucco, de Bernard-Marie Koltès. (Naves del Español. Matadero)


Roberto Succo, "El Asesino de los Ojos de Hielo", que entre 1981 y 1988, y el cual se definió como "Soy un asesino. Mato gente." Este es el punto de partida de la obra, un joven que vuelve a casa, tras asesinar a su padre y escapar de prisión, para recoger sus pantalones y camisa preferidos y liquidar un asunto pendiente, su madre, a ritmo del "Hey" de Pixies.

Una escenografía, de lo mejorcito que hay últimamente en la escena madrileña, que nos reproduce el domicilio familiar, una estación de metro, una casa de citas del Pequeño Chicago de Toulon, y la casa de la familia de Gamine. En cada uno de estos espacios se reproducen las 15 escenas en las que se nos cuenta el periplo de Roberto, escapando de la justicia y olvidándose de quién es a cada muerte y cada paso que va dando, camino de las montañas de África en las que siempre hay nieve, como queriendo congelar su vida. En el camino se encuentra con la virgen Gamine y su desestructurada familia, violenta y de falsa moral, que será la única que saldrá en su busca cuando Roberto desaparezca. Un montaje muy cinematográfico de la mano de Julio Manrique, que hasta por los títulos de cada una de las escenas, dirige una película en vivo.


Todos los personajes tienen un halo de tristeza y soledad, tema principal de la obra de Koltès, y abocados a la muerte, física o en vida, como la desolada hermana de Gamine, o el propio Roberto, que como confiesa a todo aquel que le quiere escuchar, desearía ser invisible, pasar totalmente desapercibido, o simplemente despertar en los demás tanto asco que nadie se le quiera acercar.

Pablo Derqui como Roberto Zucco está soberbio, memorable, aunque por momentos, y acercándose el final, me dio la impresión que, como Roberto, era invisible y que aun siendo el protagonista, todo estaba girando en torno a los secundarios, cuando en realidad él está en escena casi constantemente. Pablo dice más con su cuerpo y su mirada que con la palabra. Rosa Gámiz, que comienza siendo la madre, va mejorando según avanza el texto, pero a todos sus personajes los cubre de un halo de caricatura que no me termina de cuadrar con el resto, un poco fuera de lugar. Esa madre rehén que declama que la sangre de su hijo es ella y que ahora ya nada le queda y que cualquiera podrá andar sobre lo único que le pertenecía, es un testimonio desgarrador, que en boca de otra hubiese tenido la fuerza que debería tener, aunque quizás todo forme parte del master plan de ambigüedad y dualidad de todos los personajes. Oriol Guinart me deja un muy buen sabor de boca con esa prostituta entonando el "Guarda che luna", de Fred Buscaglione, y el hombre que encuentra a Roberto tirado a la puerta de un bar y le dice que es "de la raza de tios que da ganas de llorar con solo mirarles". Xavier Ricart y Andrés Herrera, en todos sus personajes, le imprimen fuerza y realismo, al igual que Xavier Boada. María Rodríguez unicamente tiene su momento de gloria al final, aunque esta opinión puede estar motivada porque me recuerde a la forma de actuar de Irene Escolar y eso no es nada bueno. Laia Marull, como siempre, muy veraz.

Obra muy recomendable, de esas que no te dejan indiferente y que, como es mi caso, te apetece repetir, para captar diferentes matices y disfrutar en un segundo visionado. Sala 1 del Matadero, hasta el 13 de octubre. Visita obligada!


jueves, 5 de septiembre de 2013

La Dama Duende, de Pedro Calderón de la Barca. (Teatro Español)


Ayer fue el estreno de "La Dama Duende" en el Teatro Español, de Madrid, y marca en arranque de la temporada teatral. Entre los asistentes al estreno pude ver a Paco Delgado, Ángeles Martín y Silvia Marsó.

Después de esta oficialidad, he tenido que esperar a escribir esto después de dormir, ya que llegué con un dolor de cabeza de traca. Aviso a los teatreros... Id con los ánimos bien altos porque son 2 horas y 20 minutos de representación, sin intermedio. Yo no soy muy amigo de intermedios, porque me cortan el rollo mucho, pero ayer, hubiese agradecido uno a la hora, que es cuando empecé a ver iluminarse pantallitas por el teatro en plan "cuánto le queda a esto".

La Dama Duende se hace larga. Muy larga. Extremadamente larga. Y eso que según Pedro Víllora, responsable de la versión, está reducida. Ni siquiera los tres momentos realmente cómicos de la obra, que puedo recordar, te quitan la sensación de "por Dios que se acabe ya".


Paso a la parte artística. A Chema León siempre le he visto en papeles clásicos, y no se puede negar que se mueve como pez en el agua en ellos. En contra pongo a Diana Palazón (Doña Ángela). A ver, que la chica le pone ganas y lleva ya mucho tiempo en esto y tal, pero me la sacas de la TV, y es que no la veo yo. Convierte cualquier personaje en una cosa plana y confusa, que opino es por una dicción bastante pésima, y una proyección de la voz nula. Mi madre lo describió como "gritona", pero gritona en plan la voz no me da pa' más. Haberla puesto de protagonista me parece MUY arriesgado; en cambio Eva Marciel (Doña Beatriz), que tiene un papel muy reducido y sin apenas matices, hubiese dado ese punto de ingenuidad y sumisión y ansias de libertad que Diana lo logra transmitir.


Mención a parte merecen los criados, Iván Hermes (Cosme) y Mona Martínez (Isabel) que son los que se roban la obra en todas sus intervenciones. Estás deseando que desaparezcan los pesados de Don Manuel y Doña Ángela, y que salgan ellos a dar marchita al asunto. El papel de Marcial Álvarez (Don Luis) es poco agradecido y demasiado borderline, obsesionado con Doña Beatriz, pero sin saber muy bien por qué, y que al terminar la obra te planteas que realmente el pobre solo quería meterla en caliente, con quien fuese. Del resto del elenco, poco que añadir, ya que una línea de texto, me da para muy poco...

Escenografía correcta, con el juego de las puertas, y vestuario muy sobresaliente (pensaba que Paco Delgado estaba allí por el diseño del mismo, pero no, está a cargo de Almudena Rodríguez. Bravo por ella!)

Como valoración general, le daré un 6/10, por el trabajo de Hermes, Martínez y Álvarez. La duración extrema, la poca fluidez del texto y unos protagonistas totalmente carentes de interés me impiden dar más.

Hasta el 15 de septiembre tenéis tiempo de ir a verla si sois muy muy muy fan del teatro clásico y tenéis un hueco de 2h20min en vuestra agenda.


lunes, 11 de febrero de 2013

Antígona, de Jean Anouilh. (Naves del Español)



No me esperaba nada de este montaje, porque no había oído nada aún. Estrenada el 6 de febrero, hace menos de una semana, todavía el boca-oreja no ha empezado lo suficientemente fuerte como para llenar la sala y colgar el cartel de "No hay localidades para hoy".

Rubén Ochandiano y Najwa Nimri, en su debut sobre las tablas, encabezan el cartel de esta versión del original francés de Jean Anouilh, escrita en 1942. La Antígona de Ochandiano y Carlos Dorrego, que codirige la obra, es una joven obcecada en dar sepultura a su hermano, cuyo cadáver se encuentra expuesto a la intemperie por Creón, su tío  y este sentimiento de hacer lo que tiene que hacerse es lo que le llevará a su trágico final.

El resto del reparto lo completan Toni Acosta, como Ismena, la hermana; Berta Ojea, como la nodriza; Sergio Mur, Hemón, prometido de Antígona e hijo del rey; David Kammenos, mano derecha de Creón; y Nico Romero, como el guardia, y Ramón Grau al piano.



Los papeles femeninos, a parte de la protagonista, son breves y según mi opinión, poco carismáticos. Sergio Mur participa brevemente pero interpreta de forma muy convincente a ese Hemón, niño atrapado en el cuerpo de un hombre muy desarrollado (gracias dirección por decidir que Sergio vaya shirtless!). David actúa como puente y es una suerte de narrador, en francés, cuyas intervenciones son más que brillantes.

Najwa no lo hace mal, pero, aunque suene tópico, le faltan tablas. Este debut es una apuesta arriesgada, y quizá al personaje le falta rodaje, pero se agradecería una mejor dicción y elevar el tono de voz. Ya sabemos que la voz de Najwa es susurrante, sugerente, pero eso no puede imperar sobre un papel que a mi pareces, necesita más fuerza.

Las dos JOYAS del espectáculo son Rubén y Nico. Rubén aparece en la segunda mitad de la obra, y es su Creón, quien entrega los momentos y diálogos gloriosos de la obra. Un rey que vela por el prestigio de su autoridad, y que aporta el punto de madurez y realismo duro ante tanto idealismo y sentido de justicia de la juventud. El diálogo final entre Hemón y Creón es duro pero muy real.



La otra joya es Nico Romero, todo un descubrimiento. Un guardia, con estética de payaso grotesco, sumiso a las órdenes que le se mandan, que solo oye, ve y calla. Interpretación sublime, que junto a Rubén, hacen que merezca la pena ir a verles.




La totalidad de la obra me recordó a esos montajes de Tomaz Pandur que en esas sala se han interpretado, con ese punto actual, contemporáneo, transgresor, que acerca tragedias clásicas a la actualidad, y las adapta a lo que estamos viviendo en este momento, demostrando que las tragedias son atemporales, y los sentimientos más básicos, como el honor, la justicia, la obediencia social y la tiranía, son atemporales.

Hasta el 17 de marzo en la sala 1 de las Naves del Español. MUY recomendable, y si no fuese por el precio, sin duda que repetiría. Corred la voz, y que este montaje se convierta en todo un éxito.